RE Community

¿Y si las empresas pusieran sus beneficios al servicio del bien común?

Escrito por Admin | 20-jul-2026 13:30:00

Durante mucho tiempo hemos medido el éxito de una empresa casi siempre de la misma manera: ¿cuánto factura?, ¿a qué ritmo crece?, ¿cuántos beneficios obtiene?

Pero ¿y si nos hubiéramos estado haciendo la pregunta equivocada desde el principio?

¿Y si el verdadero éxito de una empresa no se midiera solo por lo que gana, sino también por lo que decide hacer con esos beneficios?

Es una cuestión fundamental.

Porque ninguna empresa existe al margen de la vida.

Sea cual sea su actividad, toda empresa depende, de una forma u otra, de la naturaleza. Depende de los recursos que proporciona, de la estabilidad de los ecosistemas y, en última instancia, de una sociedad sana y próspera para poder desarrollarse.

Los alimentos que producimos, las materias primas que transformamos, el agua que utilizamos, la energía que consumimos e incluso los paisajes que sostienen nuestra economía dependen de ecosistemas sanos.

Sin embargo, esos ecosistemas están desapareciendo ante nuestros ojos.

Hoy, los científicos estiman que alrededor de un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción.

Los bosques siguen reduciéndose. Los humedales desaparecen. Los océanos se calientan. Los hábitats naturales se fragmentan un poco más cada año.

A menudo hablamos de la biodiversidad como si fuera un asunto que solo afecta a la fauna y la flora silvestres.

Pero la realidad es muy distinta.

La biodiversidad es la base que sostiene nuestra propia vida. Sin ella no habría alimentos, agua limpia, suelos fértiles, polinizadores, regulación del clima ni muchas de las condiciones que hacen posible nuestra economía y nuestro bienestar.

Los suelos fértiles nos permiten cultivar los alimentos que consumimos. Los polinizadores hacen posible buena parte de nuestra agricultura. Los bosques regulan el clima y almacenan carbono. Los humedales filtran el agua de forma natural. Y los océanos producen cerca de la mitad del oxígeno que respiramos.

En otras palabras, gran parte de nuestra economía depende de los servicios que la naturaleza nos presta… de forma gratuita.

Por eso, proteger la biodiversidad no consiste solo en conservar especies o preservar paisajes. Significa cuidar las condiciones que hacen posible nuestra vida y sostienen nuestra actividad económica.

Afortunadamente, cada vez más empresas son conscientes de su impacto ambiental. Reducen sus emisiones, rediseñan sus envases, mejoran sus cadenas de suministro e incorporan prácticas más sostenibles.

Todos estos avances son imprescindibles.

Pero, desde nuestro punto de vista, reducir el impacto ya no es suficiente.

Durante siglos, nuestra economía ha funcionado siguiendo el mismo modelo: extraemos recursos de la naturaleza, los transformamos en productos y generamos valor económico.

Sin embargo, solo una parte ínfima de ese valor regresa realmente a la naturaleza que lo hizo posible.

¿Y si decidiéramos hacer las cosas de otra manera?

No para compensar el hecho de seguir contaminando. Ni para sustituir los esfuerzos necesarios para reducir nuestro impacto.

Sino porque devolverle algo a la naturaleza debería formar parte, sencillamente, de la manera en que una empresa entiende su papel en el mundo.

Al fin y al cabo, si las empresas se benefician cada día de la naturaleza, ¿no deberían también contribuir a protegerla?

Esa reflexión llevó a Almo Nature a adoptar un modelo económico diferente.

Hoy, la empresa pertenece al 100 % a la Fondazione Capellino, una fundación sin ánimo de lucro dedicada a proteger la biodiversidad.

Así, el 100 % de los beneficios netos de Almo Nature se reinvierte en proyectos de protección de la biodiversidad a través de un modelo que llamamos Reintegration Economy, en lugar de destinarse a accionistas privados.

Los beneficios no han desaparecido. La diferencia es que ya no son un fin en sí mismos.

Se han convertido en una herramienta para financiar la restauración de los ecosistemas de los que dependen todas las empresas y, en última instancia, nuestra propia vida.

¿Es un modelo perfecto? No.

¿Es suficiente por sí solo? Tampoco, pero estamos convencidos de que es un paso en la dirección correcta.

Imagina por un momento que cada empresa destinara solo un 5 %, un 10 % o un 15 % de sus beneficios a restaurar ecosistemas, reconectar hábitats naturales o proteger especies amenazadas.

En lugar de limitarse a extraer valor de la naturaleza, también contribuirían a regenerarla.

En esencia, esa es la idea que inspira la Reintegration Economy: no se trata solo de un modelo económico diferente, sino de una nueva forma de entender la relación entre la empresa y la naturaleza.

Una forma de reconocer que no podemos seguir tomando sin devolver nada a cambio.

Durante siglos, las empresas se han concebido para crear valor económico. Quizá el siguiente paso sea crear ese valor mientras contribuimos a restaurar los ecosistemas que lo hacen posible.

No porque lo exija la normativa.

No porque los consumidores lo esperen.

Sino porque la crisis de la biodiversidad ya no es un problema lejano.

Es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Una cosa parece clara: no podemos seguir extrayendo recursos de la naturaleza sin devolverle una parte de todo lo que nos aporta.