Un compañero para toda la vida merece algo más que una correa tensada
Hay un gesto que se repite miles de veces cada día, en todas las ciudades. Un gesto tan automático que resulta invisible para quien lo hace: la correa que se tensa, un tirón y la frase, pensada o dicha: «Vamos, sigue».
El perro baja el hocico hacia algo que para él está lleno de información. Nosotros lo arrastramos.
Vale la pena detenerse en este gesto. Porque esconde un malentendido fundamental sobre quiénes son los perros, qué significa vivir con ellos y qué responsabilidad se asume al elegir hacerlo.
Almo Nature, empresa de pienso para mascotas activista, propiedad íntegra de Fondazione Capellino, a la que destina el 100% de sus beneficios netos para la salvaguarda de la biodiversidad, ha construido su proyecto Companion for Life en torno a una idea precisa: pasar de la idea de poseer un animal a la de ser responsable de él, respetando su naturaleza en lugar de plegarla a una malsana humanización.
Es una distinción que parece sutil pero que lo cambia todo: un propietario sujeta al perro con la correa porque le resulta más cómodo y tranquilizador para sí mismo; un compañero responsable se pregunta si realmente necesita la correa o la usa porque nunca ha aprendido ni enseñado a prescindir de ella.
En la gran mayoría de los casos urbanos y periurbanos, la correa se ha convertido en el sustituto de la educación, del perro, pero sobre todo del humano.
Aprender a manejar las situaciones, a leer el contexto, a llamar al perro con competencia y confianza: esas son las habilidades que liberan a ambos.
Con las debidas excepciones, como tráfico intenso, áreas protegidas o situaciones de alta densidad, la correa no es una medida de seguridad, es un atajo que cobra un precio alto. Y quien lo paga es siempre el perro.
Los beneficios de los paseos sin correa para la salud y el bienestar del perro están documentados: el paso natural, la capacidad de interacción social y el comportamiento exploratorio solo se favorecen cuando el animal es libre de moverse.
Un estudio de la Universidad de Duisburg-Essen, basado en el seguimiento por GPS de perros en libertad, demostró que los perros recorren distancias mucho mayores cuando pueden moverse libremente y siguen patrones de exploración individuales.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, siguen manteniendo espontáneamente la proximidad con la persona con la que caminan.
No huían. Exploraban y volvían.
Estar atados con correa, por el contrario, obliga al perro a adaptar su paso al del propietario, con posibles repercusiones en el sistema nervioso y musculoesquelético.
Pero es en el plano cognitivo donde el daño es quizás más invisible y más profundo.
Para los perros, el sentido fundamental es el olfato: son diez mil veces mejores que nosotros para detectar olores y forman su imagen del mundo a partir de lo que huelen.
Cuando un perro se detiene y huele con total concentración, no está perdiendo el tiempo: está recogiendo información sobre el entorno, el pasado e incluso señales del futuro.
No es un placer accesorio: es una verdadera necesidad cognitiva.
Un estudio publicado en Applied Animal Behaviour Science demostró que los perros que realizaban actividades olfativas tendían a reaccionar de forma más positiva ante situaciones inciertas.
Practicar nosework permite a los perros expresar un comportamiento natural y desarrollar autonomía: dos factores clave para su bienestar.
Hay una dimensión aún más amplia que vale la pena considerar.
Fondazione Capellino reinvierte el 100% de los beneficios netos de Almo Nature en proyectos para devolver a la naturaleza lo que la actividad humana le quita.
La supervivencia del planeta depende de compartirlo con otras formas de vida.
Un perro arrastrado lejos de un olor interesante no parece, a simple vista, comparable con la deforestación.
Pero la lógica es la misma.
Es la tendencia humana a organizar el mundo según su propio ritmo y lo que resulta visible.
No vemos los olores que el perro está leyendo, así que decidimos que no importan.
Nuestra agenda, llegar al bar, volver a casa o no ensuciarnos los zapatos vale más que su tiempo, su naturaleza y su mundo.
Elegir no usar la correa cuando es posible no es irresponsabilidad: es responsabilidad.
Es el resultado de un proceso: conocer a tu perro, entenderlo, confiar en él y ganarte su confianza.
Es dejar de ser propietario para convertirse realmente en compañero.
Para toda la vida.