Seguro que alguna vez te ha pasado.
Abres una bolsita de comida que normalmente vuelve loco a tu gato… pero, esta vez, se acerca al cuenco, lo huele durante unos segundos y se marcha sin probar un solo bocado.
En cambio, basta con abrir una lata de comida húmeda al otro lado de la casa para que aparezca en cuestión de segundos.
¿Por qué ocurre esto?
Porque, para un gato, la experiencia de comer empieza mucho antes del primer bocado. Empieza con el olfato.
Los humanos solemos elegir los alimentos principalmente por su sabor. En los gatos, la historia es muy distinta.
Antes siquiera de probar un alimento, lo examinan con la nariz. Y no es una nariz cualquiera: su sentido del olfato es extraordinariamente preciso. Tienen decenas de millones de receptores olfativos, muchos más que nosotros, lo que les permite detectar una enorme variedad de olores que pasan completamente desapercibidos para las personas.
Dicho de otro modo, donde nosotros solo percibimos "comida para gatos", ellos identifican una auténtica huella olfativa, llena de matices y señales.
Muchos cuidadores piensan que su gato es "caprichoso" cuando, de un día para otro, deja de comer un alimento que siempre había aceptado sin problemas. Incluso llegan a pensar que la comida está en mal estado.
Sin embargo, la mayoría de las veces hay una explicación mucho más sencilla.
Es cierto que un cambio en la receta o en los ingredientes puede influir. Pero no es el único motivo. Pequeñas variaciones en el aroma, la forma en que se ha conservado el alimento o incluso el entorno en el que se le ofrece pueden hacer que un gato lo perciba de manera completamente diferente.
Los gatos son capaces de detectar diferencias de olor que para nosotros pasan completamente desapercibidas. Pueden notar si una bolsa de comida acaba de abrirse, si el alimento ha permanecido unas horas al aire o incluso distinguir el aroma característico de un tipo de carne o pescado concreto en una receta elaborada con ingredientes 100 % naturales. Lo que para nosotros son matices casi imperceptibles, para ellos puede marcar la diferencia entre acercarse al comedero con entusiasmo… o perder el interés.
Puede sorprender, pero la temperatura influye directamente en cómo un gato percibe los aromas de su comida.
En la naturaleza, sus presas están a temperatura corporal, no frías. Por eso, muchos gatos rechazan los alimentos recién sacados de la nevera y prefieren que estén a temperatura ambiente o ligeramente templados. Al calentarse un poco, los aromas se liberan con mayor intensidad y resultan mucho más atractivos para su sensible olfato.
Este aspecto cobra todavía más importancia en los gatos mayores.
Con el paso de los años, su capacidad para percibir los olores puede disminuir de forma gradual. No se trata de una pérdida repentina del olfato, sino de un proceso natural asociado al envejecimiento de los receptores olfativos, que hace que algunos aromas se perciban con menos intensidad.
Como el olfato desempeña un papel clave en la alimentación felina, este cambio puede hacer que algunos gatos pierdan interés por ciertos alimentos. En estos casos, servir la comida húmeda ligeramente templada suele ser una buena estrategia, ya que potencia los aromas y puede ayudar a estimular el apetito de forma natural.
Si alguna vez has visto a un gato resfriado o con un problema respiratorio perder el apetito, es probable que hayas pensado que simplemente se encontraba mal. Y, en parte, es cierto.
Pero hay otra razón importante: cuando su olfato se ve afectado, la comida deja de resultarle tan atractiva.
A nosotros nos ocurre algo parecido. Cuando tenemos un resfriado fuerte y la nariz completamente congestionada, los alimentos parecen tener mucho menos sabor. En realidad, es porque percibimos peor sus aromas.
En los gatos, esta conexión entre el olfato y la alimentación es todavía más estrecha. Si no pueden oler bien la comida, es mucho más probable que pierdan el interés por ella.
Entender la importancia del olfato nos ayuda a comprender mejor muchos de los comportamientos de nuestro gato.
Por ejemplo, explica por qué puede pasarse unos segundos olfateando el comedero antes de empezar a comer, por qué un alimento que ayer aceptó con entusiasmo hoy ya no le llama la atención o por qué ofrecer distintas recetas y sabores puede ayudar a mantener su interés por la comida.
Al fin y al cabo, para un gato, comer no consiste únicamente en saciar el hambre. Es una experiencia sensorial en la que intervienen todos sus sentidos, aunque hay uno que destaca por encima de los demás: el olfato.
Y, como ya habrás imaginado, todo empieza por la nariz.