Existe una forma no tan acertada de entender la comida húmeda para perros: como una alternativa al pienso, una opción radical para quienes quieren cambiarlo todo. ¡Pero no es así!
La comida húmeda puede formar parte del cuenco junto con el pienso, complementándolo y aportando lo que este, por sí solo, no puede ofrecer.
Ni que decir tiene: muchos perros no se alimentan solo de pienso. El perro cuenta con un sistema olfativo que le permite percibir el mundo de formas que los humanos apenas podemos imaginar. El olor de la carne real no es un detalle menor: para su olfato, es la primera y más directa señal de que lo que tiene delante es comida.
Además, gracias a su aroma intenso, los alimentos húmedos pueden ser de gran ayuda para los perros mayores: cuando el olfato se debilita y el pienso resulta menos apetecible, pueden estimularles a comer con más gusto.
Además, en el perro, las distintas fuentes de proteína aportan diferentes micronutrientes, por lo que se obtiene un perfil nutricional más variado y completo que el que puede ofrecer una sola fuente repetida cada día. Con la comida húmeda, alternar con mayor facilidad carnes rojas, carnes blancas y pescado es mucho más sencillo que con el pienso.
Por último, con la llegada del verano, añadir “humedad” a la dieta de tu perro es, sin duda, una buena idea. El pienso contiene aproximadamente un 8 % de humedad, mientras que la comida húmeda puede llegar hasta el 80 %. Incluirla en la dieta durante las estaciones más cálidas es una forma sencilla de favorecer la hidratación.
La comida húmeda para perros HFC de Almo Nature está elaborada con carne o pescado aptos para el consumo humano. Solo contiene ingredientes de alta calidad, cocinados al vapor para preservar mejor su valor nutricional. Muchas recetas son monoproteicas, ideales para perros con sensibilidades alimentarias.
Las principales líneas son:
Incorporar comida húmeda a la alimentación diaria de tu perro es un pequeño gesto, pero de gran respeto hacia un compañero fiel que vive guiado por sus hábitos y sus sentidos, especialmente el olfato.
Hace diez mil años, el perro protagonizó una de las apuestas evolutivas más audaces de los mamíferos: acercarse al ser humano. Desde entonces, ha aprendido a digerir almidones y a comer prácticamente cualquier cosa que se le ponga en el cuenco.
Pero su estructura física, dentición y aparato digestivo, sigue siendo la de un carnívoro. Es un carnívoro oportunista: cuando le ofreces un cuenco de pienso, en la mayoría de los casos se lo come. Se adapta, como siempre ha hecho.
El pienso, sin embargo, ha resuelto un problema que no es del perro, sino nuestro: se conserva, se dosifica y no requiere preparación. Es la respuesta perfecta para quien llega tarde y solo dispone de veinte minutos por la noche.
Hemos sido nosotros, los seres humanos, quienes hemos decidido que también era la mejor opción para el perro. Sin embargo, muchos perros no lo aceptan con entusiasmo: hay quienes lo rechazan, quienes lo ignoran durante horas o quienes solo comen cuando realmente tienen hambre. No es casualidad. El perro sabe distinguir el olor de la carne real del de un alimento seco.
El hecho de que muchos acepten el pienso no significa que las prefieran. Nos habla, una vez más, de un animal que ha elegido compartir su vida con la nuestra.
Solo una pregunta: ahora que te lo hemos contado, ¿merece la pena añadir algo más al cuenco?
En nuestra opinión, sin duda alguna.