Estas infraestructuras llevan años siendo objeto de estudio, pero solo recientemente han empezado a recibir una mayor inversión. Y, sin embargo, todavía se habla poco de los beneficios que aportan no solo a la fauna y la flora, sino también a las personas.
La Fondazione Capellino, propietaria al 100 % de Almo Nature y destinataria de todos sus beneficios netos para financiar proyectos de conservación de la biodiversidad, impulsa actualmente cuatro corredores ecológicos: uno en el sur de Tanzania, otro en el Danubio bávaro, otro entre Yellowstone y Yukón y otro en la región italiana del Piamonte.
Pero ¿qué relación tienen estos proyectos con nuestro propio bienestar?
Para responder a esa pregunta, primero hay que entender qué es exactamente un corredor de biodiversidad.
1Los corredores de biodiversidad son espacios naturales o restaurados que vuelven a conectar hábitats fragmentados por la actividad humana.
2Además de beneficiar a la fauna y la flora, estas iniciativas también favorecen a las personas, ya que promueven una convivencia más segura entre comunidades humanas y animales y contribuyen a proteger la salud y la seguridad alimentaria.
3La Fondazione Capellino financia o cofinancia corredores de biodiversidad en Tanzania, Alemania, Estados Unidos y Canadá, e Italia.
Las autopistas de la naturaleza
Los corredores de biodiversidad, también conocidos como corredores ecológicos o biológicos, son espacios naturales o restaurados que vuelven a conectar hábitats fragmentados por la actividad humana.
Un ejemplo sencillo son dos espacios naturales protegidos separados por carreteras, cultivos o zonas urbanizadas. En estas circunstancias, los animales tienen dificultades para desplazarse de un hábitat a otro sin exponerse a peligros o entrar en conflicto con las actividades humanas. La solución consiste en crear un paso seguro que vuelva a unir esos espacios.
Eso es, precisamente, un corredor de biodiversidad.
Los proyectos que financia o cofinancia la Fondazione Capellino persiguen ese objetivo en distintos lugares del mundo.
En Tanzania, el Corredor de los Elefantes de Kilombero conecta el Parque Nacional de Nyerere con el Parque Nacional de los Montes Udzungwa. Su finalidad, como indica su nombre, es facilitar el desplazamiento seguro de los elefantes entre ambas áreas protegidas, apoyándose también en el primer sistema de vallado eléctrico a gran escala del país.
En Alemania, se está desarrollando un corredor ecológico entre los distritos de Ratisbona y Kelheim, con el objetivo de reconectar diferentes espacios naturales cuya continuidad se ha visto amenazada por la agricultura intensiva.
Entre Estados Unidos y Canadá, el proyecto Yellowstone to Yukon (Y2Y) trabaja para conectar y proteger un corredor de más de 3.400 kilómetros que une el Parque Nacional de Yellowstone con el territorio del Yukón, favoreciendo el desplazamiento de numerosas especies a lo largo de uno de los paisajes naturales más importantes de Norteamérica.
Por último, en Italia, la Fondazione impulsa un corredor ecológico en la región del Piamonte, entre el Parque Nacional de Val Grande y la Reserva Natural Especial del Sacro Monte della Santissima Trinità de Ghiffa. Se trata de un territorio con numerosos hábitats fragmentados que necesitan volver a conectarse para garantizar la supervivencia de la fauna y el equilibrio del ecosistema.
Los servicios ecosistémicos: por qué los corredores de biodiversidad también nos benefician
Es fácil entender por qué los animales necesitan espacios seguros para desplazarse sin el riesgo de ser atropellados o entrar en conflicto con las actividades humanas. Lo que quizá resulte menos evidente es que este tipo de proyectos también mejora la vida de las personas, especialmente de quienes viven cerca de estas zonas.
Los beneficios de los corredores de biodiversidad pueden agruparse en dos grandes categorías: los que favorecen la convivencia entre las personas y la fauna silvestre, y los que están relacionados con los llamados servicios ecosistémicos.
La convivencia con la fauna es un aspecto especialmente importante en regiones donde habitan grandes mamíferos, como elefantes, lobos, osos o ciervos. Cuando estos animales se ven obligados a cruzar carreteras o acercarse a zonas habitadas porque sus hábitats están fragmentados, aumenta el riesgo tanto para ellos como para las personas. Los accidentes de tráfico con fauna silvestre son más frecuentes y también crecen los conflictos entre animales y comunidades locales. Recuperar y conectar los espacios naturales mediante corredores de biodiversidad ayuda a reducir estos riesgos y favorece una convivencia más segura.
Los servicios ecosistémicos abarcan beneficios más amplios que, aunque menos visibles a corto plazo, repercuten en toda la sociedad, incluso en quienes viven lejos de estos corredores. En esencia, cuanto más sano y diverso es un ecosistema, mayores son los beneficios que proporciona a las personas.
Una biodiversidad rica contribuye, por ejemplo, a reducir el riesgo de aparición y propagación de nuevas enfermedades infecciosas. También garantiza la presencia de polinizadores, esenciales para la producción de alimentos y el funcionamiento de los ecosistemas. Además, ayuda a mantener la fertilidad del suelo, la calidad del agua, la regulación del clima y muchos otros procesos naturales de los que dependemos cada día.
Proteger y restaurar corredores de biodiversidad no solo significa conservar especies animales y vegetales. También supone invertir en nuestra propia salud, en la seguridad alimentaria y en un futuro más resiliente para todos.
Existen razones éticas de peso para proteger la naturaleza. Pero también hay una razón profundamente práctica: cada inversión en biodiversidad es, al mismo tiempo, una inversión en nuestro bienestar y en el de las generaciones futuras.