Cuando pensamos en los elefantes, a menudo imaginamos su impresionante tamaño, su inteligencia... o su fascinante memoria.
Pero a veces estamos menos familiarizados con el vínculo único entre una madre elefante y su cría.
22 meses. Eso es lo que dura el embarazo de una elefanta: el periodo de gestación más largo de cualquier mamífero terrestre.
Al final del embarazo, la cría puede pesar ya más de 100 kg. La madre reduce naturalmente sus movimientos, se vuelve más cautelosa y permanece especialmente cerca de la manada.
Cuando nace una cría de elefante, todo el grupo rodea inmediatamente a la madre y a su cría para protegerlas. Algunas hembras ayudan a la cría a levantarse, mientras que otras vigilan los alrededores para asegurarse de que no se acerca ningún peligro.
La expresión "hace falta un pueblo para criar a un niño" adquiere todo su significado con los elefantes.
Pero a pesar del tamaño de la manada, el vínculo entre una madre y su cría sigue siendo único.
Un elefante joven permanece con su madre durante mucho tiempo: amamantado de 2 a 4 años, aunque en realidad depende social y emocionalmente de su madre durante muchos años más. En el caso de las hembras, el vínculo puede durar incluso toda la vida.
Un bebé elefante aprende observando a su madre: dónde encontrar agua, qué caminos tomar, cómo comunicarse con la manada y cómo reconocer el peligro. Más que gestos, una madre elefante transmite una memoria.
También está especialmente atenta a las emociones de su cría: cuando una cría de elefante se asusta, se pierde o se separa del grupo, rápidamente la tranquiliza y la pone a salvo.
Está claro que los elefantes desarrollan vínculos extremadamente fuertes e, incluso, podemos observar comportamientos de ayuda mutua, protección, consuelo... o luto en estado salvaje.
Cuando desaparece un miembro del grupo, algunos permanecen junto al cadáver durante largas horas o regresan varias veces al lugar donde se ha ido su ser querido. Las madres elefante a veces permanecen durante días con su cría muerta.
Son comportamientos son profundamente conmovedores y sirven para recordar la fascinante vida emocional y social de estos animales.
Pero esta preciosa maternidad está ahora amenazada.
La caza furtiva y la destrucción de los hábitats naturales están afectando profundamente a las estructuras familiares de los elefantes.
Cuando desaparece una madre, a veces se rompe todo el equilibrio de la manada.
Proteger la vida salvaje no es sólo preservar las especies. También se trata de proteger relaciones y comportamientos fascinantes que existen desde hace miles de años.
Puede que hoy lo haya descubierto: para los elefantes, la maternidad no es sólo una cuestión de supervivencia.
Se trata de transmisión, protección y amor.