Quizá hayas notado que tu gato desaparece durante buena parte del día cuando hace mucho calor. O que se pasa horas tumbado sobre las baldosas del baño. Puede incluso que coma menos y se muestre mucho menos activo de lo habitual.
No te preocupes: en la mayoría de los casos, este comportamiento es completamente normal. Los gatos no regulan su temperatura corporal de la misma forma que nosotros y, a lo largo de su evolución, han desarrollado distintas estrategias para sobrellevar el calor.
En los gatos ocurre de forma muy distinta.
Quizá hayas observado pequeñas huellas húmedas que dejan sus patas cuando están estresados o hace mucho calor.
Se trata, efectivamente, de sudor. En los gatos, las principales glándulas sudoríparas se encuentran en las almohadillas de las patas.
Pero como esta superficie es muy reducida, este mecanismo apenas contribuye a enfriar todo el cuerpo. Por eso, los gatos recurren a otras estrategias para regular su temperatura.
Su primer instinto: reducir al mínimo la actividad
Cuando hace mucho calor, es normal que tu gato duerma más de lo habitual. No se está volviendo perezoso: simplemente está actuando de la forma más eficiente.
Cada movimiento genera calor. Al reducir su actividad durante las horas más calurosas del día, evita que su temperatura corporal aumente todavía más.
Por eso muchos gatos se muestran mucho más activos a primera hora de la mañana o al caer la tarde, cuando las temperaturas empiezan a bajar.
Esta disminución de la actividad durante el día suele ir acompañada de una menor ingesta de alimento. Y es que la digestión requiere energía, un proceso que también genera calor.
Por eso, muchos gatos prefieren esperar al frescor de la tarde o de la noche para comer. De nuevo, se trata de un comportamiento completamente normal, siempre que no dejen de comer por completo durante más de 24 horas. Si eso ocurre, conviene consultar con un veterinario.
¿Por qué a tu gato le encantan las baldosas cuando hace calor?
Seguro que más de una vez lo has visto estirarse sobre el suelo de la cocina o del baño. Y sí, hay una explicación.
Las baldosas, la piedra y otras superficies similares suelen mantenerse más frescas que las alfombras, las mantas o los cojines.
Al tumbarse sobre ellas, el cuerpo de tu gato transfiere parte de su calor a esa superficie más fría, lo que le ayuda a refrescarse de forma natural. Es un mecanismo muy sencillo, pero también muy eficaz.
Los gatos tienden a beber poco...
Los gatos domésticos descienden del gato salvaje africano, una especie adaptada a vivir en entornos cálidos y secos.
A lo largo de su evolución, desarrollaron una extraordinaria capacidad para conservar el agua y sobrevivir con un consumo relativamente bajo.
Pero esta adaptación también tiene una cara menos positiva: muchos gatos no beben lo suficiente, especialmente aquellos cuya alimentación se basa principalmente en pienso seco.
Cuando hace mucho calor, el riesgo de deshidratación aumenta. Por eso es importante que siempre tengan varios puntos de agua fresca repartidos por la casa o, si a tu gato le resulta más atractiva, una fuente de agua en movimiento.
¿Tu gato no parece beber lo suficiente?
Si notas que bebe muy poca agua, una buena opción es ofrecerle más comida húmeda o alimentos complementarios con un alto contenido en humedad para ayudarle a mantenerse bien hidratado.
Por ejemplo, las recetas elaboradas con leche de cabra o caldo, combinadas con filetes de carne o pescado, aportan un extra de hidratación y, gracias a su gran palatabilidad, animan a muchos gatos a ingerir más líquidos de forma natural.
Pequeños gestos que marcan una gran diferencia
Además de asegurar una buena hidratación, hay otros hábitos sencillos que pueden ayudar a tu gato a sentirse más cómodo durante los días de mucho calor.
Sin embargo, en general no es recomendable mojar por completo a tu gato, especialmente si no está acostumbrado. Además de resultarle muy estresante, no siempre es la forma más eficaz de ayudarle a refrescarse.
Algunos gatos, en cambio, toleran bien que se les pase un paño ligeramente húmedo por el pelaje e incluso parecen disfrutarlo. Pero si el tuyo muestra incomodidad o se aleja, no insistas.
¿Cuándo hay que preocuparse?
La mayoría de los gatos saben adaptarse muy bien a las altas temperaturas.
Sin embargo, cuando ya no consiguen disipar el calor de forma eficaz, pueden sufrir un golpe de calor, una situación que requiere atención veterinaria urgente.
A diferencia de los perros, los gatos rara vez jadean.
Si observas jadeo intenso, respiración acelerada, salivación excesiva, dificultad para mantenerse en pie, vómitos, apatía marcada o un estado de gran debilidad, acude al veterinario lo antes posible.
Estos signos pueden indicar un golpe de calor, una auténtica urgencia veterinaria.
Del mismo modo, si tu gato se muestra completamente apático, apenas se mueve, rechaza la comida incluso cuando las temperaturas descienden o deja de reaccionar con normalidad a lo que ocurre a su alrededor, conviene acudir al veterinario cuanto antes.
Los gatitos, los gatos de edad avanzada, aquellos que padecen enfermedades cardíacas o respiratorias y las razas braquicéfalas, como el persa, presentan un riesgo especialmente elevado.
¿No sabes si tu gato está deshidratado?
Existe una comprobación muy sencilla que puede darte una primera pista: levanta con suavidad la piel de la nuca y suéltala.
En un gato bien hidratado, la piel recupera su posición casi de inmediato. Si permanece levantada durante unos segundos, formando una especie de «tienda de campaña», podría ser un signo de deshidratación. Aunque esta prueba es útil como orientación, no sustituye la valoración de un veterinario. Ante cualquier duda, consulta con un profesional.
Las encías también pueden aportar información valiosa sobre el estado de hidratación y la salud general de tu gato.
En un gato sano, suelen ser rosadas, húmedas y brillantes.
Cuando hace mucho calor, unas encías inusualmente pálidas, muy enrojecidas, grisáceas o azuladas pueden indicar que algo no va bien y requieren atención.
Para comprobar su color, levanta con cuidado el labio de tu gato cuando esté tranquilo y observa sus encías.
Si notas un color anormal o este cambio va acompañado de respiración acelerada, cansancio intenso, comportamiento inusual o rechazo a la comida, acude al veterinario lo antes posible.
En los gatos de pelo largo, un cepillado regular también puede ser de gran ayuda. Además de eliminar el pelo muerto, favorece la ventilación del pelaje y ayuda a que el calor se disipe con mayor facilidad.
Como siempre, la mejor herramienta para cuidar de tu gato durante el verano es conocer bien sus hábitos y prestar atención a cualquier cambio en su comportamiento.
Observarlo con calma te permitirá distinguir qué es un comportamiento normal frente al calor y cuándo, por el contrario, puede estar necesitando ayuda.